ZORRITO CALLADO EL LORO
por Pablo Huneeus
Fue un zorro, quizás hembra, como nunca había visto: lomo pies y cabeza de un color rojizo marrón. Primero la gata había entrado corriendo alarmada y de un salto se asiló en su máximo escondite tras el computador del escritorio.
Eran las siete de la tarde, hora en que los viernes salgo a dejarle la basura al camión recolector y casi de frente entra raudo un zorrito juvenil. Ni un ruido, ni una pisada o ladrido, callado el loro comiendo nueces, le diría. Baja la escala de John hacia el colmenar y pasa entre las abejas. Le hablo, ven, saluda ¿quieres pelets de gato?, nada. Y todo el rato que estuve jardineando cerca de la piscina siento su presencia.
Y ahora entiendo porque no hay más codornices, guarenes ni gatos ferales.
No sé cómo dar cuenta del flechazo al alma que a veces lanzan animales salvajes, sean toninas, aves rapaces o avispados zorros. Lo hace mejor el poeta:
Hoy la tierra y los cielos me sonríen, hoy llega al fondo de mi alma el sol, hoy la he visto... La he visto y me ha mirado... ¡Hoy creo en Dios! (Gustavo Adolfo Bécquer, Sevilla 18361870)