Texto de la entrevista de Estela Cabezas, con fotos de Sergio Alfonso López publicada en la «Revista del Sábado» del diario «El Mercurio», 23 de agosto 2025.
Pablo Huneeus
¿QUÉ TE PASÓ PABLO?
Luego de capear un cáncer, en que parte del tratamiento fue probar un medicamento (Decapeptyl Triptorelina) que baja la testosterona, está escribiendo un libro con toda esa experiencia, y se encuentra menos peleador y más sensible.
Hoy, es un influencer de la tercera edad y tiene una nueva misión: ayudar a mejorar la vida de los mayores. Uno de los sociólogos más mediáticos de los años 1980 y 90 cuenta aquí, fiel a su estilo, en qué está y reconoce que antes me tomaban en cuenta. Por Estela Cabezas, fotos de Sergio Alfonso López.
PABLO HUNEEUS COX, sociólogo, escritor, 85 años, observador agudo de la realidad, se para en la terraza de su casa bien arriba de un cerro en Lo Barnechea y se estira todo lo que le permite su metro 88. Hace un par de ejercicios hacia un lado, luego al otro, después atrás. Levanta una pierna, luego la otra y exhibe sus zapatillas gigantes, calzo 45, acota.
Todo para mostrar su buen estado de salud y que esta vida, que él define como regalada después de haber sufrido un agresivo cáncer hace dos años, decidió aprovecharla totalmente.
Siempre he sido más bien optimista, pero ahora esto tiene un gusto especial porque estoy viviendo una vida postvida, de prestado.
Yo elegí vivir porque podría no haberme hecho tratamiento alguno y seguir hasta el final con puros calmantes. De hecho, lo pensé, ¿para qué tanta quimio, y triturarse con radiactividad?, pero el oncólogo máximo de La Alemana me aseguró que así me quedaba a lo sumo un año de vida
¿Eso fue lo que lo hizo decidir hacerse el tratamiento?
No, fue más bien porque dijo que de no hacer nada sería un año con fuertes dolores además de tremendo daño neurológico: tengo compañeros de curso que se han vuelto sexópatas, ladrones, peleadores. El de la vejez es el mismo daño neurológico de quienes que golpean el cráneo jugando rugby, en moto, y en las lanchas rápidas. O los boxeadores. No es que se ponen gagá, se ponen malos, pesados, asesinos. Entonces dije: No puedo hacerle esto a mi familia. Convertirme en un viejo de mierda, peor de lo que soy por naturaleza. No.
Se queda en silencio y luego dice:
Pienso en la gente que en situaciones lamentables se quita la vida. Era mucho mejor salir de la crisis con lo que me estaba ofreciendo mi tribu, mi país. La oportunidad de confiar en lo nuestro me la tomé muy en serio. Y se lanzó con tutti a manos de doctores, enfermeras, exámenes y trámites.
Ahí descubrí que la ciática era una metástasis, y que como ya había salido de la próstata, no se sacaba nada con operar. Le propusieron probar con un medicamento nuevo, una inyección que suprime la testosterona, combustible del cáncer
¿Tenía susto?
Tenía susto de que no resultara y las contraindicaciones: que uno se va a volver afeminado, que no va a poder tirar más. ¡Qué importa!, ya me da lo mismo. Basta ya de andar leseando.
¿Y se volvió más afeminado?
No creo. A lo mejor me volví más sensible, porque tenía demasiado de mi ser dedicado a servir al que sabemos. Las tentaciones de la carne, tu sabes. Ahora, me mando yo. Ahora, veo otras dimensiones de la creación: las aves de rapiña, los sentimientos de las personas, la pobreza digna.
¿Antes no?
Antes menos. No sabría cómo definirlo, pero me siento bien. No me hace falta la testosterona. Puede que sea menos agresivo, peleador. Yo antes era machaca, neurótico, descalificador, exigente, perfeccionista. Es que la testosterona es agresividad,
Dice que el tratamiento hizo que sus antígenos bajaran de 316, a 20 y luego menos y menos.
Seguimos con el comité oncológico y salió todo bien. Yo le digo el Comité Olímpico de El Salvador, del hospital. El tratamiento resultó. El tumor que yo creía que era ciática desapareció. Dado los resultados auspicios dictaminó el Comité, nada de quimio ni radio. Cuenta que es usuario de Fonasa y que lo han atendido maravillosamente, a costo cero.
¿Encuentra que la salud pública chilena es buena?
Es buenísima. El problema es que no es para todos, porque hay muchas listas de espera, pero cuando uno sigue el ritual y entra al sistema, es muy buena.
Dice que también se ha hecho amigos.
Hay calor humano. Imagínate que un día salí de hacerme una resonancia magnética a medio vestir, y una señora sentada al otro lado del pasillo me ordena:ponga el pie aquí. Pongo el pie sobre la banqueta, y me abrocha los zapatos.
Pablo se ríe a carcajadas.
Me dio ternura, yo creo que desde la Celinda, mi nana de chico, nadie me abrochaba los zapatos.
También se ha encontrado con gente jodida.
Me tocó ver una discusión de un hombre que gritaba que estaba en la lista de espera y llevaba no sé cuánto tiempo esperando. Y ahí lo ven y le dicen: Señor, estaba citado un año atrás.
Todas estas experiencias las está plasmando en «Cáncer, ¿a mí? un libro que dice, se ha escrito solo y que se suma a su nueva misión: ayudar a mejorar la vida de los mayores, lo que intenta hacer desde el Instituto Geriátrico del Hospital El Salvador: de hecho, las redes sociales de este centro lo muestran cual influencer haciendo ejercicios para incentivar la vida saludable a su edad.
Es que esta vida me ha transportado a otro país: el de los mayores de 70, donde hay otra sensibilidad, otros tiempos, la mente funciona diferente.
Hace una pausa y continúa:
En los próximos años van a haber más mayores que niños. Van a haber más hogares de ancianos que jardines infantiles. ¡Más geriatría, menos pediatría! Y ahí hay un gran capital de experiencia, de sabiduría, de know-how, como dicen.
Si, por ejemplo, se les facilita que puedan vender sus productos sin boleta ni Iniciación de Actividades, porque no sabes el lío que significa eso para, vender la miel que hacemos. O el pan amasado o los tejidos de alpaca que mucho antiguo hace en casa sin molestar a nadie. Podríamos tener una producción de bienes importante, aparte de mejorarles la condición. El trabajo es bonito, a la gente le gusta trabajar. Y al jubilado más.
Se piensa en general que los adultos mayores deben estar en sus casas descansando o haciendo lo que quieran. Usted habla de un sujeto productivo.
Productivo, y que salga de la inacción produciendo. El que fue contador, pucha, que atienda contabilidad. Pero hay que liberarlo de tanta traba, de la boleta
Además, Pablo propone lo que él llama algunas medidas básicas para ayudar a los mayores; entre ellas, cambiar las leyes de herencia forzosa, y adoptar el sistema universal, americanoeuropeo, de que la persona es libre de dejar de herencia cuanto sea a quien se le antoje. Eso cambiaría completamente la relación de familia, dice.
Seguramente los hijos tratarían mejor a sus padres si de eso depende la herencia.
Él tiene tres hijos de su matrimonio con Delia Vergara: Andrea, Nico que se llama Pablo Miguel, igual que él, y que pide que le digan así y Alejandro. También tiene otro que fue reconocido, y que lo tiene demandado, y sospecha que tal vez hayan más.
Puede que haya una danesa genial, preciosa, que conocí en París antes de venir a casarme en Algarrobo con una niña del barrio El Golf. Tuvo la vikinga una hija
y por ahí andan otros que les dicen ser parecidos a mí.
¿Usted ha sido mejor padre o marido?
He sido mejor como padre. Los he dejado hacer su vida. Creo que debí haber sido más estricto, por ejemplo, en que aprendieran música, a tocar piano o flauta.
¿Qué le cobran sus hijos? No creo que sea que no les haya enseñado a tocar piano...
Tiene que ver con lo que te decía de la herencia: Reclaman, por ejemplo, que les deje hacer una casa aquí. O me dicen que les deje la casa. Ya se quedaron con la propiedad que tenía yo en El Arrayán, los tres hijos, pero en realidad se quedó la esposa, la Vergara (
) A cada rato me piden que les preste la camioneta. Lo tienen a uno de comodín y yo tengo una independencia.
Imagínate un hijo que de repente te dice, y todo esto va a ser mío.
Pero eso es verdad. ¿Qué puede tener de malo?
Pero, ¿por qué? ¿Qué ha hecho él para merecer eso? A lo mejor no quiero dárselo a él, o sí. Si me tratara con cariño, se preocuparan, pudiera pedirle algo. Que me ayuden con las cosas de la casa, con la construcción, algo así. A lo mejor me verían con otros ojos si supieran que es decisión mía a quién le dejo lo mío-
También dice que hay que cambiar la seguridad ciudadana por seguridad y amistad ciudadana.
Que no sean unos ex Carabineros que andan todos enojados con la gente, que ayuden como en Lo Barnechea, que llevan los libros a la casa. Que puedan llevar recados, viandas de repente, bajarse a preguntar por la gente. Eso de que pasen a preguntar por uno es fantástico. Me hice muy amigo del Carabinero que pasaba por acá. Y quiere decir que uno le importa a alguien.
Es importante, agrega, vivir más en comunidad, como las abejas. Desde hace unos años, él y su señora, Verónica Crovari Needham, venden miel natural, y en su jardín hay lindos colmenares de abejas.
Ellas lo hacen todo en grupo, y tienen distintos roles según su ciclo de vida. La abeja se defiende del frío y de las avispas, junta miel, ventila, pero siempre en grupo, jamás en soledad.
Hoy es muy importante luchar contra la soledad de los más viejos. La soledad en la especie humana mata.
Tenemos que hacer lugares de encuentro, como el malón dominical que hacemos acá.
Cuenta que todos los domingos se junta con un grupo de amigos en su casa a almorzar. Cada uno lleva un picoteo o un postre que ha peparado en la semana, comen felices, y luego se sientan a conversar. Asegura que hay su lista de espera.
Nos juntamos y copuchamos hasta que, literalmente, las velas no arden. Y a eso de las ocho cada uno parte a su soledad. Y te digo, todos tienen buenas casas, pero viven solos.
¿A todos les pesa esa soledad?
Es gente que no está obligada al aislamiento, pero que tampoco quieren ser baby sitters o niñeras de guagua.
¿Y usted cómo se siente?
Me siento más maduro. He conocido dimensiones que no sospechaba, como sentirme útil. Sentir que lo que estoy haciendo en esto de tomar la causa de los adultos mayores, para ayudar a hacer un movimiento, una revolución. La palabra conmueve, el ejemplo arrastra. Estoy haciendo los ejercicios, pero mostrándolos.
Para el mundo de los adultos mayores se ha visto como algo positivo. Es un gran mercado. Por eso estamos pensando en un programa de televisión, está en conversaciones.
Dice que hizo un piloto con Chilevisión, pero que no resultó porque lo trataban como si fuera una cosa trágica.
Lo que me gustaría hacer es contar un libro, discutir el libro con un entrevistado, hacer una combinación de cosas. Una historia a la semana. Hay un tremendo mercado en la gente mayor, esto va a ser cada vez más grande, cada vez somos más.
Antes aparecía mucho en los medios ¿Por qué dejó de aparecer?
Me hicieron la cruz en los medios porque dije los nombres de los políticos involucrados en el caso Spiniak. Me demandaron.
Fui borrado del mundo. Incluso mi hermano mayor cortó toda comunicación conmigo, me dejó de hablar y, bueno, asumí que vivimos bajo dictadura.
¿La dictadura de qué?
De los mercados, del capitalismo financiero, de la Cosa Nostra, el clan de los ulrra ricos.
Y que tiene unos límites no tan distintos de los que tenía el país durante el régimen de Pinochet.
Pero a usted nadie lo persiguió, lo tomó preso y se lo llevó a un centro de tortura.
No. Me mantuve en cierto margen en tiempos de Pinochet, el cuadrilátero era muy claro. No columpiárselo a él mismo, ni en broma; tampoco a la familia real; jamás mencionar tensiones entre las ramas de las FFAA; y de presos o desaparecidos, ni idea.
¿Y pudo convivir con eso sin problemas?
No, es que todo lo demás era fantástico. Porque yo podía criticar al intendente de la Décima Región y el hombre reaccionaba, contestaba. Te tomaban en cuenta. Yo escribía en el diario La Tercera, lo leía todo el mundo, en los regimientos. Tú podías criticar todo, al ministro de Educación, la política de la minería, que
por qué están instalando salmoneras. Pero no al cuadrilátero. Hoy, mira la política con distancia.
Habría esperado más del gobierno de Gabriel Boric dice.
¿Votó por él?
Sí.
Y ahora ¿cómo ve la nueva elección? ¿Matthei, Jara o Kast?
¿Quién va a rebajar el IVA?
No lo sé. Nadie lo ha propuesto.
Entonces me da lo mismo.
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