Pablo Huneeus
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TONTERAS DE CIELO A TIERRA
por Pablo Huneeus

El novelista Jenaro Prieto (1889-1946) escribió sobre un mítico país llamado Tontilandia, en cuya capital Cretinópolis los gobernantes defecan decretos dignos de borricos mientras los pobres gobernados sufren a diario la incontinencia reinante.

Como si quisiera estar a la altura de tales novelas, el rey acaba de emitir en la capital dos edictos que hacen a esta larga y angosta faja merecedora del nombre antes citado: la compra de una decena de aviones F-16 que en toda probabilidad nunca van a ser usados para el propósito que fueron fabricados (combatir) y la construcción de un túnel de siete kilómetros bajo el río Mapocho para ir donde lo más bien se puede ir al aire libre y sin pagar un peso.

Seiscientos millones de dólares cuestan los aviones sin armamento, lo necesario para dejar tiqui taca, a nivel de la última generación, una línea de ferrocarril de La Serena a Concepción y Puerto Montt. Pero en vez de un tren rápido que aumente la productividad y comunicabilidad del país, opta por comprarle al grupo Carlyle de los Estados Unidos equipos de guerra. Dicho grupo, al cual estaría vinculado George Bush padre controla industrias del rubro y las llamadas que ha hecho George hijo a La Moneda, de la cuales se vanagloria Lagos, quizás expliquen la decisión.

¿Agradar al Imperio del Bien? ¿Ayudar a los aporreados Estados Unidos con los 500 empleos directos que el fabricante ha dicho se mantendrán gracias a esta compra?

Y todo en circunstancias que agentes del gobierno socialista –y esto lo saben muy bien en Washington- enviaron una carta bomba a la Embajada y de que en Bélgica acaba de reventar el escándalo por unos 15 millones pagados en coimas al “operativo chileno”, como le llaman a quienes intervinieron en la compra de 25 aviones Mirage.
Ni el gobierno, ni la Fach, ha dicho Nelson Ávila, quieren investigar este asunto.

A todo esto, si Estados Unidos llenó de micrófonos secretos el Boeing presidencial que le vendió a China, ¡qué no han de traer escondido en el fuselaje los F-16!

Otros 470 millones de dólares hay que poner para que un concesionario español lleve a efecto el odiado proyecto Costanera Norte, un negociado cuyo eje es un túnel de siete kilómetros bajo el río (el de Lo Prado, que se hace eterno tiene 2, 8 Km.). O sea, una cosa tétrica que va a deprimir y angustiar a quien deba pasarlo. Tenebroso aún con luz artificial, encierro en lugar de la vista a la cordillera, y en tiempo que los túneles han demostrado ser puntos vulnerables al terrorismo. Con media docena de autos concertados pueden secuestrar a la clase dirigente entera. Un incendio o choque puede ser la mortandad.

Para peor, lleva curvas cerradas que han de ser trampas fatales de este largo catafalco. ¿Y cuando se salga el río? ¿No saben acaso lo indómito y vengativo que es el Mapocho?

Ah, y si los vivos no quieren someterse a su túnel, no se preocupe señor concesionario. El gobierno de Tontilandia le asegura un “ingreso mínimo” diario, pase o no gente.

Moraleja: del cielo a la tierra, pura tontera.

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